Las espadas forjadas en Toledo se remontan a la época romana, pero fue bajo la dominación árabe, y durante la reconquista, cuando Toledo y sus gremios de espaderos jugaron un papel fundamental.

Este arte tuvo momentos de gran esplendor, especialmente entre los siglos XV al XVIII, y las armas que se hacían en Toledo eran consideradas las de mayor calidad en toda Europa.

Tras la Reconquista, Toledo se convirtió en el centro espadero mundial, gracias a la innovación que supuso la creación de la espada toledana con “Alma de hierro “, la mejor de las espadas entre los siglos XV al XVII.

Siempre hubo relación entre los espaderos toledanos y los de Damasco, que crearon un procedimiento de acero duro y no quebradizo, llamado “acero adamascado “o “acero damasco “.

Los espaderos toledanos investigaron este proceso e inventaron la espada con “alma de hierro “, que consistía en una espada de acero duro, que escondía en su interior de la hoja una lámina de hierro dulce, que impedía que la hoja se quebrara o se doblase.

Estas espadas adquirieron rápidamente mucha fama, y por esta razón los espaderos europeos compraban las hojas de Toledo para adaptarlas a sus guarniciones.

En Toledo, los espaderos tenían un punzón con el que marcaban sus hojas, como calidad de su producto. Y, además, grababan su nombre en la hoja, dando prestigio con ello a la espada y a la persona que la poseía.

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